lunes, 20 de febrero de 2017

La economía rusa, ante una difícil encrucijada (OPINIÓN)

Dicen que el ser humano se adapta a todo. Hace tres años, a principios de 2014, llegas a decir a cualquiera en Rusia que en breve vería como sus ingresos reales caen en picado y de los estantes desaparecen sus alimentos preferidos, nadie te daría crédito. Pero lo que parecía tan inverosímil, se volvió real de la noche a la mañana. Así, poco después de la abrupta caída de los precios del petróleo y las sanciones económicas aplicadas contra Moscú por la comunidad internacional tras la anexión de la península ucraniana de Crimea, se desplomaron también los principales indicadores macroeconómicos de Rusia. El año pasado, los ingresos reales en Rusia cayeron un 5,9 % en comparación con 2015. Éstos ya habían experimentado una bajada del 3,2 % en 2015 y del 0,7 % en 2014.
Crisis estructural



El inevitable descenso del nivel de la vida de los ciudadanos provocó también una drástica reducción del consumo en Rusia. Como consecuencia, aumentó la pobreza. Según estadísticas oficiales, 19 millones de los rusos viven bajo el umbral de la pobreza. Al mismo tiempo, los pronósticos del Banco Mundial para 2016 indicaban que al término del año el número de los pobres en el país superaría los 20 millones.

La recesión económica en la que se sumió el país quedó retratada en los ritmos del decaimiento de la economía nacional que se contrajo –según previsiones preliminares– un 0,5-0,6 % en 2016, después de caer un 3,7 % en 2015. Por su parte, la inflación en Rusia en 2015 llegó a situarse en 12,9 % para reducirse el año pasado hasta el 5,4 %.

Los problemas económicos de Rusia son profundos, vienen de lejos y no se deben solamente a las sanciones occidentales y la reducción de los precios de los hidrocarburos, cuyas exportaciones aportaban más de la mitad de los ingresos del Estado ruso. «La crisis fue previsible, la tasa del crecimiento del PIB empezó a desacelerarse en los años 2011 y 2012 a pesar de los favorables precios del petróleo de más de 100 dólares por barril», explica Yaroslav Lisovolik, economista jefe del Banco Euroasiático de Desarrollo. El experto está convencido de que la economía rusa vive una crisis estructural y necesita con urgencia una serie de reformas para recuperar el PIB perdido en la crisis. «En 2017 la economía rusa va a mostrar tasas de crecimiento positivas, pero bastante bajas, de tan solo un 1 %. Recuperar el ritmo de crecimiento anterior a la crisis sería posible en 2019-2020 en caso de la implementación de unas reformas estructurales», insiste Lisovolik.

Inversiones
En este sentido, el economista destaca la importancia de la política económica que vayan a adoptar las autoridades para atraer una mayor cantidad de inversiones al país. «Para Rusia, el factor más importante para el crecimiento del PIB son las inversiones», apostilla. Así, en caso de una mejora del clima económico, el PIB podría llegar a crecer entre el 4 y el 5%, «mientras en caso de renunciar a las reformas, el crecimiento girará en torno al 1 o el 2 %», dice.

Este pronóstico coincide en parte con el realizado por el Fondo Monetario Internacional, que vaticinó una recuperación débil de la economía rusa en 2017, con un crecimiento de hasta el 1%, gracias a las medidas adoptadas para mitigar los efectos del desplome del crudo y de las sanciones. Lisovolik subraya que, a día de hoy, el factor predominante para la economía nacional son los precios del petróleo, pero reconoce que, en caso del levantamiento de las restricciones económicas impuestas por países occidentales, crecerían también las inversiones extranjeras y el flujo de las tecnologías modernas.

En cuanto al futuro económico de Rusia a largo plazo, el experto se muestra moderadamente optimista, siempre y cuando la gestión económica sea eficiente. Entre las ventajas indiscutibles del país, Lisovolik menciona su «capital humano y los recursos naturales» que han de ayudarle a alcanzar altas tasas de crecimiento.

Finalmente, el economista señala que este año podría ser «verdaderamente decisivo para Rusia» si las sanciones contra Moscú acaban siendo eliminadas. Ante los incesantes rumores sobre cambios en materia de los castigos a Rusia tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, el nuevo presidente de Estados Unidos matizó recientemente que es «muy pronto» para hablar de ese tema.

Sin embargo, como escribe «Financial Times», las declaraciones de Trump sobre la necesidad de normalizar los vínculos con Moscú ya han servido para impulsar las inversiones en Rusia. «Tener buenas relaciones con Rusia es algo bueno», dice uno de los numerosos «tuits» de Trump sobre este país. Este mensaje, explica FT, fue interpretado por los inversores como una clara señal de la reducción de los riesgos geopolíticos que rodean al gigante eurasiático.

Recuperar posiciones
De esta forma, mientras siguen los debates sobre el futuro de las sanciones contra el país más extenso del mundo, éste continuará beneficiándose de los vientos de cambio que soplan desde Estados Unidos en espera de recuperar sus posiciones previas a la crisis, algo que, según los analistas, Rusia logrará solo en caso de la diversificación de su estructura económica.



Leer más:  La economía rusa, ante una difícil encrucijada  http://www.larazon.es/economia/la-economia-rusa-ante-una-dificil-encrucijada-GF14553072?sky=Sky-Febrero-2017#Ttt11o2aRtB21I0T
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