De Jorge Chamizo | La otra cara de la moneda – lun, 1 feb 2016 20:29 CET
En España también hay cuentas olvidadas, aunque normalmente no son muy cuantiosas. En nuestro país se puede decir que todo lo que no acredite un dueño con el tiempo pasará a manos del Estado.
Decimos con matices porque no es el mismo tratamiento lógicamente el
que se le da a este efecto a un inmueble que a una cuenta bancaria.
Pero más allá de perder el dinero, el problema puede ser peor. Si
tienes la desgracia de olvidar que tienes una cuenta y ésta, a
consecuencia de las comisiones, entra en negativos, irás acumulando una deuda con tu banco. Y ésta no se la queda el Estado. Ojo al parche, que puedes pasar de heredero a deudor.
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Es el país que opera como la caja fuerte de los ricos de este planeta y ahora acaba de descubrirnos que existen personas que pueden ser ricas y no saben. Pueden
ser los herederos de millones de euros olvidados por algún ancestro en
las cajas fuertes de los discretos bancos suizos, cuyo secreto bancario
está consagrado en su Constitución.
A raíz de un cambio en la legislación suiza en materia de fondos olvidados se ha obligado a los banqueros de ese país a romper el sacrosanto secreto bancario y a publicar en internet la lista
de unas 2.600 personas que tienen cuentas inactivas en este país, desde
hace al menos sesenta años. De este modo permiten a sus herederos poder
reclamar los fondos depositados en las mismas.
Según la Asociación Suiza de Banqueros (ASB), casi 41 millones de euros, 44 millones de francos suizos, duermen en cuentas abiertas en los bancos suizos sin que nadie los haya reclamado desde 1874 en adelante. A esta importante cantidad de dinero se suma el contenido de ochenta cajas fuertes olvidadas hasta la fecha.
El que no lo reclame en un plazo
determinado, se quedará sin herencia, que pasará a las arcas de la
Confederación Helvética. En la codiciada lista hay norteamericanos,
brasileños, alemanes, franceses, italianos y varios españoles, entre los que se encuentran Nicolás Bizcarrondo, español residente en París; Pedro Bofil, de Sabadell, o Enrique Lequerica y Erquiza, de Las Arenas.
Aquí cuando una cuenta no registre movimiento alguno en un plazo de 20 años, automáticamente pasará a manos del Estado, y por tanto, los posibles importes existentes a las arcas públicas.
Es cierto que existe un proceso
derivado de la ley mediante el cual la banca debiera garantizar y
comprobar la ausencia de propietario sobre esas cuentas, pero en la
práctica este proceso se limita al intento de establecer comunicación escrita,
algo muy improbable ya que, buena parte de los abandonos de cuentas
tienen que ver bien con el abandono voluntario, o bien con cuestiones
como el cambio de domicilio y la ausencia de información recibida.
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