Lunes, 13 de Julio de 2015 0:03 EDT
Después del estallido de turbulencias
económicas en tres continentes en las últimas semanas, una consecuencia
familiar de anteriores crisis ha brillado por su ausencia: el pánico.
Grecia
se ha acercado peligrosamente a salir de la zona euro. Una burbuja
bursátil en China parece haberse desinflado. Puerto Rico, a su vez,
amenaza con una de las mayores cesaciones de pagos de un gobierno en la
historia de Estados Unidos. Sin embargo, casi no se ha visto el tipo de
contagio global que se produjo durante la crisis hipotecaria de EE.UU.
en 2008 y episodios previos de la deuda griega.
El
Promedio Industrial Dow Jones quedó el viernes a menos de 3% de su
máximo histórico ante las señales de que Grecia puede alcanzar un
acuerdo con sus acreedores y permanecer en el euro. El VIX, que mide la
volatilidad del mercado de opciones de Chicago y es conocido como el
“índice del miedo”, está por debajo de los niveles de diciembre. Los
rendimientos de los bonos soberanos de los países más débiles de Europa
han subido, pero mucho menos que los de Grecia.
En
un discurso sobre el panorama económico de EE.UU. pronunciado el
viernes, la presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, ni siquiera
mencionó a China e hizo una breve referencia a Grecia, una señal de que
el banco central estadounidense está tomando estos acontecimientos con
calma.
El contagio financiero parece
haber sido contenido por varias razones. Los bancos del resto del mundo
tienen una exposición limitada a la deuda griega, china y
puertorriqueña; los inversionistas globales ya habían huido de Grecia, y
sus inversiones en la bolsa china siempre enfrentaron limitaciones. Las
autoridades europeas han levantado una muralla para aislar al resto de
Europa de una salida de Grecia de la zona euro. Además, pocas economías
parecen asemejarse a Grecia lo suficiente como para desatar una ola de
ventas.
“Las repercusiones de lo que
está pasando serán imperceptibles en relación con lo sucedido en
septiembre y octubre de 2008”, dice Stephen Cecchetti, profesor de
economía de la Universidad Brandeis.
De
todos modos, aunque el contagio financiero sea limitado, otros tipos de
contagio, como el político y el económico, son una amenaza.
Las ásperas negociaciones entre Grecia y sus
acreedores han resaltado tanto el sentimiento en contra de las medidas
de austeridad en economías como España e Italia como la férrea oposición
a los rescates en Alemania, lo cual corroe la unidad de la moneda
única. El domingo, líderes de la zona euro indicaron que las
negociaciones para un nuevo rescate podrán iniciarse sólo si el
Parlamento griego aprueba reformas a las pensiones y aumentos de
impuestos para este miércoles.
Igualmente,
incluso si el daño del estallido de la burbuja bursátil no traspasa las
fronteras de China, el efecto dominó sobre el crecimiento económico
podría arrastrar a los socios comerciales del gigante asiático, entre
ellos varios países latinoamericanos, que ya padecen la caída de la
demanda china de materias primas.
La
buena noticia es que el sistema financiero mundial, al menos por ahora,
ha sido un amplificador menos potente de los trastornos económicos que
en 2008. Entre 2004 y 2007, los préstamos de los bancos a entidades
financieras y empresas de otros países crecieron 17%, según el Banco de
Pagos Internacionales. Desde entonces, apenas han aumentado 0,5% al año.
Esto significa que es menos probable que la cesación de pagos de un
país se contagie a otro a través del sistema bancario.
Una
excepción son los préstamos en moneda extranjera a empresas chinas que
casi se han cuadruplicado desde 2008 y hoy exceden US$800.000 millones.
No obstante, los amplios recursos del gobierno chino pueden amortiguar
un posible shock en su sistema financiero. Además, el mercado bursátil
chino sigue siendo relativamente cerrado. Los inversionistas chinos,
presos de una exuberancia irracional, han acumulado deudas para comprar
acciones con las corredoras locales, no con la banca extranjera.
Susan
Lund, del Instituto Global McKinsey, dice que cada una de las tres
crisis actuales se parece más a la debacle de las instituciones de
ahorro y préstamo de EE.UU. en los años 90 que a la crisis hipotecaria
de 2008, es decir “una crisis nacional localizada, sin grandes coletazos
internacionales”.
Aunque los préstamos
transfronterizos de los bancos se han reducido, la financiación a través
del mercado de bonos ha aumentado. Una ola de cesaciones de pagos
podría generar una salida en masa de inversionistas de fondos de renta
fija, pero sería menos perjudicial que el colapso de un banco global.
Las
tenencias de deuda pública y bancaria de Grecia en manos de extranjeros
han descendido 86% desde mediados de 2012, desde 247.000 millones de
euros a 34.000 millones de la divisa común, según Cornerstone Macro.
Esto limita el contagio en caso de que Grecia abandone el euro. Por otra
parte, el Banco Central Europeo se ha comprometido a respaldar el
mercado de bonos de cualquier país que sufra daños colaterales de una
salida griega del bloque.
Los problemas
de Puerto Rico no han tenido una repercusión más amplia debido a que, al
contrario de lo que acontece con Grecia, no hay otro deudor en una
situación tan apremiante. La deuda con garantía impositiva de Illinois,
el estado financieramente más vulnerable de EE.UU., equivale a 6% de los
ingresos de sus contribuyentes, en comparación con 65% de Puerto Rico,
según Standard & Poor’s.
Sin
embargo, la ausencia de efectos secundarios obvios no significa que no
los habrá. Los últimos años han demostrado que los canales de contagio
pueden permanecer ocultos hasta que eventos tan anticipados como una
posible salida griega del euro se hagan realidad.
Por
otra parte, más allá del ámbito financiero, la amenaza económica
directa de los problemas que aquejan a China podría ser mucho mayor que
en el pasado. La contribución del país al producto económico mundial
casi se ha triplicado de 5% hace una década a 14% en la actualidad.
J.P. Morgan
JPM +1.40%
estima que, en los últimos 12 meses, China ha representado un
tercio del crecimiento mundial, el doble que antes de la crisis de 2008.
J.P.
Morgan estima que un shock que reste un punto porcentual del
crecimiento de la economía china reduciría medio punto porcentual del
crecimiento global y 0,7 puntos porcentuales del de los mercados
emergentes. Los economistas del banco consideran recortar sus
estimaciones del crecimiento mundial. La desaceleración de China parece
estar extendiéndose a otros mercados emergentes, especialmente en Asia.
“Ya se ha transformado en algo más amplio”, dice Bruce Kasman,
economista jefe del banco.
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