Viernes, 19 de Junio de 2015 0:04 EDT
La Reserva Federal señaló el miércoles, con
cierta trepidación, que mantiene su propósito de aumentar las tasas de
interés a finales de este año.
En
general, con el desempleo cercano al nivel que en general se asocia con
una economía de pleno empleo, la cuestión de si subir las tasas o no
estaría zanjada: la Fed no querría que la desocupación caiga tanto que
la economía se recalentara y empezara a subir la inflación.
Pero
estos no son tiempos corrientes. En estos momentos, el recalentamiento
de la economía sería algo bueno porque ayudaría a llevar la inflación a
un nivel más normal, restauraría algo del potencial de crecimiento a
largo plazo que se perdió desde la crisis financiera y aumentaría los
salarios de los trabajadores más eficazmente que lo que podrían hacerlo
remedios tales como el alza del salario mínimo, que puede reducir el
empleo de trabajadores poco calificados. Las tasas de interés bajas
pueden alimentar la especulación en los mercados financieros, pero sus
beneficios exceden este peligro.
La presidenta de la Fed,
Janet Yellen,
reconoció este dilema y señaló que si la institución actúa
demasiado rápido puede descarrilar la recuperación, mientras que si lo
hace demasiado tarde podría causar una escalada inflacionaria.
Por supuesto, mantener las tasas bajas tiene sus riesgos. Considerémoslos uno por uno.
Aumentarán
la inflación. Esto sería preocupante si fuera demasiado alta, pero a
una tasa de 1,2%, excluidos alimentos y energía, está muy por debajo de
la meta de 2% de la Fed.
Esto es un
problema porque una menor inflación, si todo lo demás se mantiene igual,
significa tasas de interés más bajas. Si el próximo ciclo recesivo
encuentra a la economía con una inflación demasiado baja, la Fed podría
no tener suficiente margen como para recortar las tasas de interés.
Dejar que la economía se recaliente hace más probable que la inflación
vuelva a subir hacia su meta; sería mucho mejor enfrentar la próxima
recesión con una inflación un poco por encima del 2% en lugar de por
debajo.
Una feria de empleos en Los Ángeles.
David McNew/Reuters
La economía está casi en “pleno
empleo”, por lo que la inflación está a punto de dispararse. Los puestos
vacantes registran un récord histórico, lo que indica el comienzo de
una escasez de trabajadores. Y el desempleo es ahora de 5,5%, cerca del
nivel generalmente asociado a una economía a toda marcha.
Sin
embargo, el cómputo de desempleados no incluye a los millones de
estadounidenses que trabajan a tiempo parcial pero quieren trabajar a
tiempo completo y a otros muchos que no están buscando trabajo pero que
quisieran tenerlo. Además, los cambios estructurales parecen haber
dañado la capacidad de los trabajadores para obtener grandes alzas
salariales. Esto sugiere que el desempleo debería estar un tiempo
prolongado por debajo de 5% para generar aumentos salariales
significativos y para que la inflación aumente un poco.
Como
la oferta de la economía se ha debilitado, no hay cómo presionar los
precios a la baja. Tanto la fuerza laboral como la productividad crecen a
tasas muy inferiores que antes de la recesión, lo que significa que
gran parte del decepcionante ritmo de crecimiento económico se debe a la
debilidad de la oferta. De ser así, las limitaciones de capacidad
productiva y las presiones de costos podrían surgir más rápidamente
cuando el crecimiento se recupere.
Algo
de esto se debe al envejecimiento de la población y la desaceleración de
los avances tecnológicos. Una economía recalentada no puede resolver
estos obstáculos estructurales, pero sí podría revertir algunos de los
daños, por ejemplo, al atraer al mercado laboral a personas que lo
habían abandonado. Como señaló Yellen, esto podría ya estar ocurriendo:
la tasa de participación de la fuerza laboral ha dejado de caer. También
podría asegurar a las empresas que el panorama es lo suficientemente
alentador como para justificar un mayor gasto de capital.
La
flexibilización de la política monetaria agrava la desigualdad. Bajas
tasas de interés son en parte responsables del aumento de los precios de
activos como acciones y bienes raíces, que están mayoritariamente en
manos de los ricos. Esto amplía la brecha de la riqueza nacional.
Pero
esta es una objeción miope. Que los precios de los activos estén más
altos no hace que los trabajadores sean más pobres; el agravamiento del
desempleo sí. Si la economía se recalienta y el desempleo cae por debajo
de 5%, esto beneficiará al trabajador promedio y tendrá menos efectos
secundarios negativos que los que tendría una subida del salario mínimo y
otras intervenciones similares. Esta es la lección del auge de
1996-2000, cuando la Fed dejó que el desempleo cayera por debajo de 4%.
Los salarios crecieron fuertemente.
Las
bajas tasas generan excesos en los mercados financieros, lo que podría
producir una crisis. Hay muchas pruebas (precios de viviendas y de
valores más altos, etc.) de que las tasas bajas han fomentado la
especulación. Sería poco inteligente por parte de la Fed mantener bajas
sus tasas con la esperanza de reducir el desempleo, sólo para repetir la
crisis de 2008.
Esto, sin embargo, no
es una razón automática para elevar las tasas. La Fed debe sopesar los
beneficios de un desempleo menor contra la probabilidad y potencial
gravedad de una crisis. Mucho ha cambiado desde 2008: la dependencia de
la deuda de corto plazo y los derivados que hizo que el sistema
financiero fuera entonces tan frágil es mucho menos evidente ahora, y
los bancos han reforzado considerablemente sus reservas de capital.
Ahora es menos probable que una caída de los precios de los activos
genere una crisis.
No obstante, mientras
más tiempo permanezcan las tasas cerca de cero, más tomadores de
riesgos van a encontrarles la vuelta a las reglas. De modo que la Fed se
enfrenta a un delicado equilibrio: maximizar los beneficios de un
sobrecalentamiento de la economía, pero minimizar los riesgos de las
herramientas que utiliza para conseguirlo. Eso podría significar elevar
las tasas a partir de fines de este año, pero hacerlo de una manera aún
más lenta que el ritmo moderado que los funcionarios del banco central
sugirieron el miércoles.
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