lunes, 20 de marzo de 2017

¿Liberales o de derechas?


Uno siempre queda mejor diciendo que echa de menos a John Stuart Mill que a Serrano Suñer. Acaso ésa sea la razón del silencio ostentóreo de muchos liberales patrios y extranjeros ante la guerra al comercio lanzada por Donald Trump. Acaso sea que los que se autoproclaman liberales no son, en realidad, más que de derechas de toda la vida. Y que, como les han dicho que Trump es de derechas, están de su lado.

El silencio es increíble porque la política de Trump, plasmada en el rechazo de EEUU a defender el libre comercio en el G-20, el sábado, implica rechazar el orden mundial liberal vigente en gran parte del mundo desde la Segunda Guerra Mundial. Si usted cree que este ha traído pobreza y dictaduras, si usted cree que estamos ahora peor que en 1939, alégrese. Porque ahora, en 2017, tenemos todo el pasado por delante, como dijo Borges a Bioy Casares burlándose de un amigo común.
Vivimos un gran salto hacia atrás. El bloqueo de EEUU a la defensa del libre comercio es un acto simbólico, pero también una declaración de principios que indica la clara voluntad de dinamitar el orden político y mundial liberal. Trump se ha convertido, por derecho propio, en el enemigo del comercio.
Pero no ha sido el único motivo de preocupación de la semana que acabó ayer. El lunes, en otra medida igualmente significativa y simbólica, el Gobierno de China anunciaba su intención de eliminar de las librerías del país los libros en inglés, en un nuevo esfuerzo para reforzar el control ideológico sobre sus 1.350 millones de ciudadanos. Así lo recordaba el miércoles Carlos Gutiérrez, ex presidente y consejero delegado del gigante de la alimentación Kellogg, secretario de Comercio con George W. Bush y ahora copresidente de la consultora Albright Stonebridge Group (ASG) de Washington. Cierre de mercados y prohibición de libros. El que piensa, pierde.
La cuestión no es solo dinamitar el orden internacional, político y económico liberal, que ha funcionado durante tres cuartos de siglo. La cuestión es cómo sustituirlo. Gutiérrez explicaba a EL MUNDO que 57.000 empresas estadounidenses exportan a Canadá y a México, y que 14 millones de puestos de trabajo en EEUU dependen del acuerdo de libre comercio que Donald Trump quiere renegociar. Es fácil decir que vas a renegociar algo para crear empleos en tu propio país.
Pero el plan se complica cuando se trata de algo de lo que dependen 14 millones de empleos y 57.000 empresas. El resultado es lo que dijo un jefe de Gobierno europeo en un off the record en EEUU no hace mucho: «La principal consecuencia de impedir el libre comercio es que acabas pagando más por las mismas cosas». Los pobres y los ricos pagarán más por los bienes importados, y por los bienes fabricados en cada país pero que tengan componentes traídos de fuera. Pero los pobres van a tener menos dinero que los ricos para afrontar el sobrecoste.
Y no, los iPhones van a seguir sin hacerse en EEUU. La semana pasada, la revista Barron's, la Biblia de Wall Street recomendaba comprar acciones de empresas de fabricantes de robots. La razón: Trump va a conseguir que la producción industrial aumente en EEUU. Pero las empresas no van a contratar a gente, sino a comprar robots. Y lo que dice Barron's debe ser, al menos, tenido en consideración. Ahí está, todavía hoy, el «Barron's' bump», el «rebote de Barron's» que las grandes empresas tienen cuando esa revista da recomendaciones de compra de sus acciones.

Lo más lamentable es el espectáculo que están dando los liberales ante esta guerra al comercio. Igual que los progresistas miraban hacia otro lado en los ochenta cuando en plena histeria anti-Reagan se le recordaba que la Unión Soviética era una dictadura y que ocupaba un país, Afganistán, ahora nuestros liberales de vía estrecha callan frente a Trump. Si lo que está haciendo este presidente con la economía mundial lo hiciera un demócrata o, en Europa, un socialdemócrata, estarían poniendo el grito en el cielo. Y con razón. Esta vez no. Lo cual vuelve a plantear la pregunta: ¿Liberales o de derechas?

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