viernes, 10 de marzo de 2017

La economía que heredará el próximo presidente de Francia

El PIB francés ha avanzado desde la crisis de 2008 con paso firme pero, también, con mucha lentitud. Hollande fracasó en su intento de reformar el mercado laboral y la mayoría de los nuevos empleos son temporales.
Después de cinco años en el cargo, el presidente francés François Hollande dejará el Palacio del Elíseo en mayo como el presidente con el índice de popularidad más bajo de la historia de Francia.

Su pésima fama se debe en parte a su incapacidad para cumplir las promesas de recuperar la economía, reducir el desempleo y controlar el gasto público. No obstante, cabe preguntarse si el legado económico de Hollande es tan desastroso como la caída en picado de su popularidad.
La respuesta es también importante para Emmanuel Macron, el candidato centrista independiente a las elecciones presidenciales de este año, que fue asesor económico de Hollande antes de convertirse en su ministro de Economía.
El ganador de las elecciones de este año heredará una economía que ha crecido muy lentamente, aunque a un ritmo constante desde la crisis de 2008. A principios de su presidencia en 2012, Hollande se mostró optimista, asegurando que la economía gala se recuperaría completamente de la crisis. No obstante, el país ha registrado un modesto crecimiento en comparación a Alemania, Reino Unido y EEUU.
Sin embargo, hacia el final del mandato de Hollande, la situación ha empezado a recuperarse. El crecimiento el año pasado alcanzó el 1,1%, el ritmo más rápido desde que asumió la presidencia, aunque se situó bastante por debajo de la media de la UE, situada en el 1,8%.
En cuanto al mercado laboral, en 2012, los ciudadanos votaron a Hollande por su promesa de crear puestos de trabajo, en un momento en el que el índice de desempleo estaba aumentando. Durante su mandato, el paro ha seguido subiendo, superando máximos por encima del 10%, lo que ha llevado al presidente, a finales de su mandato, a tomar más medidas para abordar lo que ha denominado una "emergencia económica".
Después de haber introducido créditos fiscales para reducir los costes laborales, en 2016 aprobó un proyecto de ley para facilitar las contrataciones y los despidos.
Hollande ha reforzado la formación y los incentivos para la reincorporación al mercado laboral. Estas medidas han empezado a dar sus frutos; el índice de desempleo ha mostrado cierta mejora en el último año, aunque los datos muestran que las políticas que fomentan la formación de los parados han tenido cierto éxito. No obstante, las reformas no han conseguido hasta ahora acabar con la división que existe en el mercado laboral francés. El año pasado, el 86,4% del total de contrataciones fueron temporales, y, de estas, el 80% fueron inferiores a un mes.
Por otra parte, el empleo a largo plazo sigue siendo muy elevado: más del 45% de los desempleados franceses llevan más de un año sin trabajo, la mayor proporción desde que comenzó el registro en 2003.
Entre la población más vulnerable están los más jóvenes, los inmigrantes y los ciudadanos con menos nivel de formación. El desempleo entre los jóvenes en Francia es casi el doble que en Reino Unido y sigue aumentando, una tendencia que contrasta con la mayoría de las economías avanzadas.

Un gasto elevado

En su informe de 2015 sobre la economía francesa, la OCDE ha llegado a la conclusión de que "el país sufre un déficit crónico, la situación fiscal es delicada, y el gasto público es muy elevado".
A medida que ha avanzado su mandato, Hollande se ha visto obligado a aceptar una mayor austeridad, recortando el gasto público. Sin embargo, con el 57% del PIB, Francia sigue teniendo uno de los mayores niveles de gasto público de los países avanzados. De hecho, el gasto social y en salud y pensiones como porcentaje del PIB sigue siendo elevado y ha aumentado desde 2012. Además, junto con la ralentización del crecimiento económico, la carga de la deuda en Francia ha seguido aumentando, aunque el déficit fiscal ha descendido durante el mandato de Hollande.
Esto es en parte resultado de la caída de los tipos de interés y de los recortes en la inversión pública, aunque el aumento de los ingresos fiscales también ayuda. Dado que hay poco margen para futuros aumentos fiscales, la mejora en las finanzas públicas con el candidato que salga elegido presidente implicaría recortes del gasto, un mensaje difundido recientemente por la Comisión Europea.
La elevada carga fiscal de las empresas es una posible barrera a la inversión y al crecimiento de estas.
A lo largo de este mandato, Hollande ha adoptado pequeños, pero importantes pasos para mejorar este aspecto, introduciendo exenciones fiscales y reduciendo la presión fiscal en varios puntos porcentuales.
A nivel más general, Francia adoptó la ley Macron en 2015, destinada a incrementar la competencia aumentando los horarios de las tiendas, por ejemplo. Los resultados son reveladores. La presión fiscal del mercado laboral, del 48%, fue en 2015 la quinta más alta de los países de la OCDE, y el impuesto de sociedades francés sigue siendo el más elevado de Europa.
Por último, el reciente crecimiento económico experimentado por Francia se ha sostenido más por el consumo que por la inversión, dado que esta todavía no ha alcanzado los niveles registrados antes de la crisis. Aunque el año pasado se recuperó el crecimiento de la inversión, se partía de una base muy baja.

Traducción: Paloma Echazarra

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