Así será la economía mundial con Trump como piloto de Estados Unidos

Donald Trump prometió muchas cosas en campaña, pero concretó muy pocas. En el plano económico, el que será el nuevo presidente de Estados Unidos dejó una serie de ideas básicas que deberían marcar su agenda económica: apuesta por las políticas de oferta –con aumento de la obra pública–, nuevas restricciones comerciales para frenar las importaciones de China o de México, reducción de impuestos a los particulares y a las empresas, menor regulación para el sector financiero y el farmacéutico...
Todos los analistas coinciden en que la nueva Administración norteamericana puede cambiar muchos patrones del orden internacional. El debate surge al calibrar en qué medida podrá Donald Trump poner en marcha algunas de las medidas más polémicas que ha prometido, como el establecimiento de nuevos aranceles para los productos chinos.
Lo que sí que parece claro es que las líneas maestras de la política económica esbozada por Trump durante la campaña supondrán un aumento de la inflación y harán que se aceleren las prometidas subidas de tipos de interés por parte de la Reserva Federal. Por sectores, la banca y la biotecnología podrían sacar partido de la menor regulación. También se espera que el aumento del gasto militar favorezca a la industria, y el aumento de la obra pública impulse a las constructoras.
La victoria de Donald Trump en las elecciones de Estados Unidos fue arrolladora, al igual que algunas de sus propuestas. Así, si el nuevo presidente del país más poderoso del mundo cumple las promesas que hizo durante la campaña electoral, los inversores deben asumir la nueva realidad de unas políticas más proteccionistas. Firmas como Schroders auguran guerras comerciales si suben los aranceles y un debilitamiento de la economía a largo plazo que “golpeará a las Bolsas y a los activos de riesgo en todo el mundo”. Pero en el futuro más inmediato el posible sprint inicial del PIB en EE UU es positivo para la renta variable, aunque no tanto para el mercado de bonos, que se vería perjudicado por la mayor inflación asociada.
“Las propuestas de Trump son estructuralmente inflacionistas, pero qué medidas serán aprobadas y aplicadas es aún una gran incógnita”, resume Tom Fahey, estratega senior de Loomis Sayles.


Fiscalidad
Una de las prioridades (y retos) de Trump es una revolucionaria y masiva rebaja de impuestos. Los tramos impositivos quedarían reducidos desde los siete actuales a tres (12%, 25% y 33%) y se eliminarían el Impuesto de Sucesiones y el tributo sobre la renta para las personas con bajos ingresos. Se trata de una profunda reforma fiscal que propulsaría el consumo interno. Las compañías que venden a particulares del sector minorista como las cadenas de supermercados –Costco o Wal-Mart son dos de ellas– han sido las primeras en celebrarlo.
Pero el gran mantra del presidente electo ha sido el de reducir las tasas a las empresas. Dejaría el tributo equivalente en España al Impuesto sobre Sociedades, en el 15% desde el actual del 35% (aunque el tipo efectivo es del 27%).
El objetivo es desincentivar que las empresas del país se marchen, especialmente a otras regiones cercanas con mano de obra más barata, como México, o con mejor tributación.
Esta reducción se aplicará tanto a las grandes corporaciones como a las pequeñas y medianas empresas. En teoría, su efecto inmediato será elevar los beneficios contables de las compañías y su flujo de caja libre (el efectivo disponible después de pagar a proveedores y realizar inversiones), si bien los expertos dudan que ese cambio se pueda ejecutar en toda su magnitud.
Trump también ha prometido que permitirá la repatriación del dinero en paraísos fiscales a cambio de un pago único del 10%; por ejemplo, los dividendos de filiales en el extranjero se podrán recuperar, ahora secuestrados en las sociedades radicadas en el extranjero para evitar que se dispare su factura fiscal. La agencia de calificación Moody’s considera que las principales beneficiarias de estas medidas serán las grandes corporaciones con negocios fuera de EE UU.
Inversión
El plan de inversión en infraestructuras de Trump ronda los 500.000 millones de dólares. “Coches estadounidenses viajarán en nuestras carreteras, aviones estadounidenses conectarán nuestras ciudades y barcos estadounidenses patrullarán nuestros mares; el acero estadounidense levantará nuevos rascacielos”, dijo el republicano en agosto.
Pero este ingente aumento del gasto podría toparse con limitaciones presupuestarias, según la gestora Legg Mason. “Defiende un plan orientado al keynesianismo respecto a la construcción de infraestructuras (carreteras, puentes, redes eléctricas) y de defensa, lo que podría crear una situación propicia a las presiones inflacionarias en el medio plazo”, dice Marisa Cabrita, analista de Orey Financial.
La directora de la eafi 107, Araceli de Frutos, que asesora el fondo Alhaja Inversiones, que sube un 3% en el año frente a la caída del 9% del Ibex, cree que el escenario más probable es que “la economía americana siga en una senda de crecimiento con impulso de gasto público y pleno empleo que propulsará el consumo, como ha venido haciendo en los últimos trimestres [...]”. Las empresas constructoras de todo el planeta, incluyendo las españolas, han aplaudido en Bolsa esta declaración de intenciones.


Sanidad
El sector sanitario debería remontar el vuelo tras la derrota de Hillary Clinton. Trump rechaza la Ley de Asistencia Asequible, conocida como Obamacare, que hubiera continuado con la demócrata. Pero con un Congreso también republicano, no hay duda de que se podría revocar o al menos ajustarla de forma significativa. “Esto podría conllevar una presión negativa sobre los operadores de hospitales, que conforman un porcentaje significativo del mercado high yield, dado que bajo tal escenario estas compañías podrían experimentar un aumento en el número de pacientes sin seguro”, apuntan en M&G Investments. La firma indica que, por el contrario, “se anticipa una menor presión sobre los precios y los costes de los fármacos, lo que podría dar especial impulso a los fabricantes de medicamentos”.
Banca

No era el candidato de Wall Street, pero curiosamente el sector financiero es uno de los grandes ganadores de acuerdo a las medidas de su programa. Ha prometido una nueva era de desregulación que pasaría por anular la ley Dodd-Frank, que permite una supervisión y un control exhaustivos de la banca. Incluye fuertes restricciones a la negociación de acciones propias, inversiones en hedge funds o en capital riesgo. Barack Obama puso en marcha esta norma en julio de 2010 como una vacuna para evitar que se pueda repetir la gran crisis financiera que ha provocado un cataclismo en todo el planeta superior al de la Gran Depresión. Moody’s cree que retirar esta regulación reduciría los costes de cumplimiento normativo lo que elevaría la rentabilidad recurrente de la banca.
La mala noticia es que en última instancia esto podría acarrear un debilitamiento de sus balances. El presidente electo también ha invocado la recuperación, al menos parcialmente, de la ley Glass-Steagall, promulgada tras la Gran Depresión y que exigía la separación de las actividades de banca comercial y de inversión. Fue derogada en 1999. Trump asegura que quiere adaptarla al siglo XXI, pero no ha dado más detalles sobre la cuestión. Esto abre la puerta a la incertidumbre.
Energía
El programa de Donald Trump aboga por la independencia económica de Estados Unidos y menciona de forma específica sacar partido a los recursos naturales por 50 billones de dólares en yacimientos de petróleo y gas con los que cuenta el país.
Las empresas centradas en las energías renovables se han visto dañadas en Bolsa, pero un análisis un poco más fino resta importancia a esa amenaza: “No necesitaría retirar las ayudas a las energías limpias, puesto que las existentes se autoeliminarán en una segunda fase, a medida que sean rentables por sí mismas”, señala Charlie Thomas Charlie Thomas, gestor de la Sicav Jupiter Global Ecology Growth.
Comercio
Las políticas anunciadas por Trump contra el comercio exterior y la inmigración centran las preocupaciones de los inversores. Para el magnate, lo primero son los Estados Unidos y es contrario a acuerdos comerciales como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta) y el Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión (TTIP), que amenaza con romper porque a su juicio tienen la culpa del desempleo en EE UU, y él quiere crear 25 millones de puestos de trabajo. Se ha mostrado muy duro con China y México, países a los que quiere imponer fuertes aranceles del 45% y del 35% para favorecer los productos locales. Y ha defendido hasta la saciedad la construcción de un muro en la frontera con México y la deportación de todos los inmigrantes indocumentados, lo que perjudicaría sobre todo al sector agrario.
Pero nadie está seguro de si su retórica se llevará a la práctica y lo imprevisible es incertidumbre. “Si mantiene su discurso sobre política comercial proteccionista, podría desencadenarse la recesión que ya se preveía en la economía de EE UU”, dice Mark Glazener, responsable del equipo de renta variable global de Robeco. La gestora estima que “los valores de mercados emergentes acusarán el proteccionismo” y aconseja “adoptar un planteamiento defensivo en renta variable”.
Fed y tipos
Una lectura más calmada tras la sorpresa electoral lleva a los expertos a no descartar (en términos puramente económicos) la subida de tipos de interés en diciembre que se daba por hecha antes del triunfo de Trump, pero dependiendo de la volatilidad del mercado esta decisión podría posponerse. Con todo, Trump es partidario de un proceso de normalización monetaria más acelerado. El republicano ha sido crítico con Yellen, pero no puede retirarla de la Reserva Federal hasta el final de su mandato, en febrero de 2018. Sin embargo, sí puede nombrar gobernadores para llenar las tres vacantes que quedarán en 2017.

En cuanto a la evolución de la renta fija, los expertos prevén varios escenarios. Araceli de Frutos, asesora de Alhaja Inversiones, sentencia que “en este panorama se cree que la renta fija va a sufrir”. “Si Trump negocia y sus medidas son más neutrales, los bonos estadounidenses servirán de refugio en el corto plazo pero las rentabilidades aumentarán en el largo por las expectativas de un mayor déficit. Si ejecuta su programa tal cual, cabría un fuerte aumento de los intereses a largo plazo y el impacto negativo para el crecimiento llevaría a la Fed a ser más acomodaticia”, explican en Amundi AM.
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